lunes, 10 de diciembre de 2012

La otredad (monografia)


La otredad

  La otredad es la condición de ser otro, pero cuando hablamos de otro, según señala el Diccionario Enciclopédico Salvat, es la persona o cosa distinta de aquella que se habla, sabiendo esto podemos deducir que todo ‘’nosotros’’ [1] supone un otros, en función de rasgos, percepciones, códigos y sensibilidades compartidas y una memoria colectiva común, podemos llegar a notar estas características cuando se encuentran o coexisten con grupos diferentes, con los cuales la comunicación encuentra obstáculos, así a modo de ejemplo nos podríamos referir a la conferencia de Chimamanda Adichie[2], ‘’El peligro de una sola historia’’ ya que en este nos relata las consecuencias mas visibles que una historia única tiene en la construcción de la subjetividad en los seres humanos y en sus miradas respecto a los diferentes grupos sociales (a los otros); en dicha conferencia ella expresa lo siguiente, ‘’ …Cuando comencé a escribir a los siete años, todos mis personajes eran blancos y de ojos azules que jugaban en la nieve y hablaban sobre el clima… Esto a pesar de que vivía en Nigeria y nunca teníamos nieve y nunca hablábamos por lo tanto del clima porque no era necesario. Mis personajes bebían cerveza como los personajes de los libros que leía. No importa que yo no supiera que era… Esto demuestra cuan vulnerable e influenciables somos ante una historia… Porque yo solo leía libros en que los personajes eran extranjeros, estaba convencida de que los libros, debían tener extranjeros y narrar cosas con las que yo no podía identificarme.
  Años después, cuando deje Nigeria para ir a la universidad de EE.UU.… mi compañera de cuarto estadounidense pregunto donde había aprendido a hablar ingles tan bien y estaba confundida cuando le dije que en Nigeria el idioma oficial resultaba ser el ingles. Me pregunto si podría escuchar mi música tribal y se mostró por tanto muy decepcionada cuando le mostré mi cinta de Mariah Carey… Me impresiono que ella sintiera lastima por mi incluso antes de conocerme. Su posición por omisión ante mi, se reducía a una lastima condescendiente. Mi compañera conocía una sola historia de África, una única historia de catástrofe; en esta única historia no era posible que los africanos   se parecieran a ella de ninguna forma, no había posibilidad de sentimientos más complejos que lastima, no había posibilidad de una conexión como iguales.
  Debo añadir que yo también soy cómplice de esta cuestión de la historia única. Hace unos años viaje de EE.UU. a México… Recuerdo una caminata en mi primer día Guadalajara mirando a la gente ir al trabajo, amasando tortillas en el mercado, fumando, riendo. Recuerdo que primero me sentí un poco sorprendida y luego me embargo la vergüenza. Me di cuenta que había estado tan inmersa en la cobertura mediática sobre los mexicanos que se habían convertido en una sola cosa, el inmigrante abyecto[3]. Había creído en la historia única de los mexicanos… Es así como creamos la historia única, mostramos a un pueblo como una cosa, una sola cosa, una y otra vez hasta que se convierte en eso.
  Comencé a entender a mi compañera estadounidense, que durante su vida debió ver y escuchar diferentes versiones de esta única historia. ’’

  La historia única crea estereotipos[4] y el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la historia única, es así como relacionándolo con nuestros grupos sociales de pertenencia podemos decir que en muchas ocasiones juzgamos al otro sin ser objetivos, entonces no nos permitimos conocer nuestras similitudes ya que observamos solo nuestras diferencias, uniformando con un criterio único a todos, así creamos un preconcepto de acuerdo al grupo social y cultural al que pertenezca. También demos aceptar que la otredad es una condición normal de la convivencia social y la base de toda identidad colectiva (que es sobre todo, relacional) el ser humano es un ser social por naturaleza porque no se puede pensar al hombre sin incluirlo en un colectivo, sin pensarlo en relación con otros, una relación que no es solo vivida, sino también creada, pero el grado de otredad que se adjudica, de extrañeza, y, principalmente la carga afectiva y la actitud  apreciativa con que nos relacionamos con la ‘’otredad social’’[5] en general y con determinados ‘’otros’’ en particular varia la distancia que nos separa de otro.  

  Habiendo leído y analizado el texto de carácter alegórico, El Matadero[6] de Esteban Echeverria, la otredad se ve reflejada en los estereotipos que se generan sobre los federales al igual que los unitarios, y en la subjetividad que establece el autor en relación a las dos ideologías, dice que los Federales son, vistos como ‘’La chusma’’ con poca inteligencia, bárbaros, y brutos hasta roza el limite de dejar de ser personas para compararlos con animales y oponiéndosele los Unitarios son personas cultas, civilizadas y libres. Lo podemos distinguir en la siguientes citas textuales: ‘’Los abastecedores, por otra parte, buenos federales, y por lo mismo buenos católicos’’, ‘’… ¡Ay de vosotros pecadores! ¡Ay de vosotros, unitarios impíos que os mofáis de la iglesia, de los santos, y no escucháis con veneración la palabra de los ungidos del Señor! ¡Ay de vosotros si no imploráis misericordia al pie de los altares! Llegará la hora tremenda del vano crujir de dientes y de las frenéticas imprecaciones. Vuestra ímpetu, vuestras herejías, vuestras blasfemias, vuestros crímenes horrendos, han traído sobre nuestra tierra las plagas del Señor. La justicia y el Dios de la Federación os declara malditos. ’’
  Este texto de Esteban Echeverria al igual que La fiesta del monstruo [7] de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares donde generaliza a los jóvenes peronistas como violentos, nazistas, sanguinarios e indisciplinados, ‘’El primer cascotazo lo acertó, de puro tarro, Tabacman, y le desparramó las encías, y la sangre era un chorro negro. Yo me calenté con la sangre y le arrimé otro viaje con un cascote que le aplasté una oreja y ya perdí la cuenta de los impactos, porque el bombardeo era masivo. Fue desopilante; el jude se puso de rodillas y miró al cielo y rezó como ausente en su media lengua. Cuando sonaron las campanas de Monserrat se cayó, porque estaba muerto’’ y a Perón como una figura negativa para la sociedad, ‘’el monstruo’’  al igual que pasaba con Rosas en El Matadero, se evidencia la otredad de un grupo social y a quien representan.
  Es imposible hablar sobre una historia única sin hablar del poder, al igual que nuestros mundos económicos y políticos, las historias también se definen en como se cuentan, quien las cuenta, cuándo se cuentan, cuantas historias son contadas en verdad, depende del poder.  El poder es la capacidad no solo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva.

  En relación al propio individuo la otredad es un sentimiento que asalta al hombre tarde o temprano, porque tarde o temprano toma, necesariamente, conciencia de su individualidad. En algún momento cae en la cuenta de que vive separado de los demás; de que existe aquél que no es él; de que están los otros y de que hay algo más allá de lo que él percibe o imagina. Es la revelación de la pérdida de la unidad del ser del hombre, de la escisión[8] primordial.
  La conciencia moderna no acepta que su individualidad sea una realidad plural y que detrás del hombre que piensa se esconda otro que mantiene una vida "ilógica", que sostiene a menudo lo que la razón reprueba.


  Una vez identificado un individuo como miembro de un grupo descalificado o estigmatizado, los caracteres adjudicados a este son aplicados a cada individuo, quien poco o nada podrá ser en el marco de su desempeño personal para mejorar esta calificación arraigada en estereotipos (atribuidos a un sector religioso, nacional, étnico, etc) que no se ponen en cuestión. Por ello tienen en común el hecho de favorecer los procesos de dominación y opresión de minorías y su articulación político cultural en la construcción de modalidades hegemónicas[9].
  Algunas veces las calificaciones estigmatizantes[10] se relacionan con aspectos vinculados con el cuerpo o derivados de este, otras con la nacionalidad o la etnia[11], o bien con rasgos relativos a la cultura o a la condición económica o social.
  Cuando alguno de estos planos discriminatorios se instala en la vida de una sociedad esta con alta probabilidad vinculada social, cultural, histórica e ideológicamente a la estructura social y de clases imperantes, e influyen los procesos de gestación y reproducción de las hegemonías.

  En el libro ‘’El beso de la mujer araña’’[12], de Manuel Puig pudimos analizar que la otredad que encuentra cuando habla de que la homosexualidad se consideraba como una enfermedad, en esa época (1976), el homosexual es, el ‘’otro’’. Así también se denota la discriminación porque se caracteriza a la homosexualidad como algo malvado, extraño y repulsivo.



[1] Toda cultura supone un ‘’nosotros’’ que constituye la base de identidades sociales. Estas se fundan en los códigos compartidos, en las formas simbólicas que permiten apreciar, reconocer, clasificar, categorizar, nominar y diferenciar.

[2] Chimamanda Adichie es una novelista nigeriana, nació el 15 de septiembre, de 1977 en la aldea de Abba. Pasó su infancia en la ciudad de Nsukka, sede de la Universidad de Nigeria. Su padre era profesor de estadística, y su madre trabajaba también en la universidad, como secretaria. A la edad de diecinueve años se trasladó a Estados Unidos con una beca por dos años para estudiar comunicación y ciencias políticas en la Universidad de Drexel, en Filadelfia. Posteriormente continuó sus estudios en la Universidad Estatal del Este de Connecticut, en la que se graduó en 2001. Más adelante ha llevado a cabo estudios de escritura creativa en la Universidad John Hopkins de Baltimore, y un máster de estudios africanos en la Universidad de Yale. En 2009 publicó una colección de relatos breves, titulada The Thing Around Your Neck.



[3] Abyecto, es una persona despreciable.

[4] Los estereotipos consisten en una imagen estructurada y aceptada por la mayoría de las personas como representativa de un determinado colectivo. Esta imagen se forma a partir de una concepción estática sobre las características generalizadas de los miembros de esa comunidad.
[5] Otredad social: Son todas las personas ajenas a uno que nos rodean, el otro.

[6] El Matadero es un texto literario romántico del autor argentino Esteban Echeverría, quien lo escribió entre 1838 y 1840. Es considerado el primer cuento realista del Río de la Plata, además de ser una de las obras más célebres de este trascendente escritor. Fue publicado en 1871 en la revista. Más tarde, Juan María Gutiérrez lo incorpora a su edición de las Obras completas de Echeverría (1870-1874). El cuento actualmente se lo considera unos de los pilares de la literatura hispanoamericana, por la forma en que se plantea el ambiente del matadero como una metáfora de la época del gobernador Juan Manuel de Rosas, período donde los que ejercían el poder solían asesinar a los que no comulgaban con sus políticas.
[7] “La Fiesta del Monstruo” es un cuento de 1947 que Borges y Bioy Casares escriben, en contra del gobierno de Perón,  puesto en circulación de manera clandestina, hasta su posterior publicación en 1955 en el semanario uruguayo de izquierda Marcha, editado por Emir Rodríguez Monegal.

[8] Escisión: Separación, ruptura o división.
[9] Se denomina hegemonía al dominio de una entidad sobre otras de igual tipo. Se puede aplicar a diversas situaciones con el mismo significado: un bloque de naciones puede tener hegemonía gracias a su mayor potencial económico, militar o político, y ejerce esa hegemonía sobre otras poblaciones, aunque estas no la deseen.

[10] Estigmatizar: Afrentar, deshonrar, infamar:

[11] Una etnia es un conjunto de personas que comparten rasgos culturales, lengua, religión, celebración de ciertas festividades, música, vestimenta, tipo de alimentación, una historia, y comúnmente un territorio. Dichas comunidades comúnmente reclaman para sí una estructura social, política y un territorio.

[12] El beso de la mujer araña es una novela del escritor argentino Manuel Puig, publicada en 1976. Relata la historia de dos presos que conviven en la misma celda, uno político y otro homosexual.
Esta historia, prohibida en los años 1970 por la dictadura militar argentina (país de origen de Manuel Puig) fue llevada al cine en 1985 por el director Héctor Babenco y protagonizada por Sônia Braga, William Hurt y Raúl Juliá.

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